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 Lo que pasa » Un ex presidente estorba

 0 Comments- Add comment | Back to Opinión Written on 30-Jun-2008 by Laura Moreno Marrocos

Ayer domingo el diario ABC publicó una entrevista con Felipe González Márquez (PSOE, presidente del gobierno español desde 1982 a 1996) de la que subrayamos algunas ideas que vale tener en cuenta en todos los contextos políticos y de poder... 

Periodista —Sin embargo, leí que usted atraviesa períodos de exaltación y otros de pesimismo…
Felipe González —No es cierto. Verá, la cualidad en la que más creo en términos de liderazgo es la fortaleza emocional, que permite que uno no se hunda con el fracaso, ni se exalte demasiado con el éxito. Es la que realmente define el fondo de un carácter. Si una persona sólo se mueve por el éxito o el fracaso, se convierte en un peligro.

—Es difícil que no afecten los éxitos o los fracasos.
—Sí... pero si uno se entrena lo consigue. Y si es capaz de distanciarse de los fastos del poder, y no creérselos, no tiene por qué enloquecer...

—Pues yo tengo la sensación de que ahora ha cambiado su ánimo. Antes, a veces, usted parecía crispado, irritado… Y últimamente, se le ve más relajado, menos tenso; como si hubiera superado algo...
—No lo sé. No soy capaz de observarme desde fuera… Lo que más me ha costado es acostumbrarme a que mi cerebro no recicle automáticamente en forma de respuesta, la información que recibe. Todavía por la mañana, cuando estoy tomando el café con la tostadita de aceite, y tengo la radio puesta y estoy leyendo la prensa, me entra la información y mi cabeza inmediatamente recicla la respuesta… Llevo tantos años en la sala de máquinas, que mi cerebro responde como si tuviera que tomar la decisión. Pero como no debo ser impertinente, aguanto la reacción. Esa es la única tensión que he vivido desde que salí del poder, y que todavía vivo: la de no ofrecer decisiones que ya le corresponden a otro. Y la de no ser impertinente llamando por teléfono para decir: «Tenéis que hacer esto…»

---¿No deberían todos servirse de las experiencias anteriores?
—Probablemente. Pero eso es casi una petición de principios. Parece que lo razonable sería utilizar la experiencia acumulada, aunque fuera a beneficio de inventario. Pero no es lo habitual en el mundo. El comportamiento habitual suele ser un poquito más adanista. Cuando uno gana y llega al poder cree que la historia empieza con Adán y Eva… «Yo me inventé todo». Hay un antes y un después. Esto es inexorable y funciona así. Después, cuando los momentos empiezan a ser difíciles y la complejidad se asienta en el poder, entonces resulta más fácil hacerlo.


---¿Le molesta que no contaran con usted?
—No; fíjese, yo esta mañana pasé por Moncloa —voy muy poco, no crea—, y se me había olvidado incluso por dónde se entra. Aunque estuve allí viviendo 14 años... Así que, como verá, no tuve ningún síndrome de abstinencia del espacio público. Mi único síndrome de abstinencia fue el de Doñana. Lo echaba de menos… Y me permitían ir; pero no acepté para no confundir lo público y lo privado.
Alguna vez he dicho que los ex presidentes son como jarrones chinos muy grandes en apartamentos pequeñitos. Y como se les supone un valor, no siempre demostrable, nadie se atreve a echarlos a la basura; pero estorban donde quiera que se pongan. Y uno tiene que cuidar esa condición de ex presidente que estorba donde lo pongan…
Pero yo no lo pasé mal… Me impacientaban las decisiones que se tomaban entonces, y ahora. Me impacientaba con el gobierno de Aznar. Me impacientaba con el gobierno de Zapatero… Pero lo llevo muy bien.


—¿Qué le satisface más de su etapa como presidente?

—Que los españoles se reconciliaran con su pasaporte.

—Y la corrupción, de la que usted me ha hablado, ¿no la vio como un fracaso?

—Sí. Lo que sentí como fracaso era no haber percibido que se estaba produciendo ese fenómeno, en algunos casos. Y después, analicé la causa. No lo había percibido porque desde hace treinta años me persigue ese ritornello de que yo tengo propiedades por aquí y por allá, que si en República Dominicana, que cuánto dinero habré ganado… Todavía lo dicen hoy. Y claro, yo me veía entonces a mí mismo, y pensaba: «Si están diciendo esto de mí, y yo sé que están mintiendo, ¿no será igual cuando lo dicen de otros?». Eso retrasó mi capacidad de ver que alguna gente se había corrompido; lo digo en términos relativos. Pero para mí fue muy doloroso. Creo que eso se notó mucho.

(...) Pero en fin, ya le digo que tengo esa limitación para hablar. Comprendo que la libertad para decir lo que uno piensa es inversamente proporcional a la responsabilidad institucional que uno tiene. Y como yo no tengo ninguna, pues soy totalmente libre para hablar —Se ríe divertido—. Aunque también soy libre para callarme.


--- ¿Qué tal nos va en política exterior? ¿También habría que replantearla?

—Verá. Yo definí la política exterior de España en diez puntos que llamaron el decálogo y que tuvo el apoyo del noventa y dos por ciento del Parlamento. Un consenso que la fortaleció mucho.


—Usted dijo que la alta abstención en la reforma de los estatutos demostraba el poco interés de los ciudadanos en ese tema.

—Yo dije, en un seminario sobre la descentralización política en Chile, que el fenómeno de la globalización es una tendencia que pone en crisis la idea del Estado Nación. Y la crisis tiene dos caminos: hacia abajo, dando más poder al ámbito local; y hacia arriba con más poder a lo supranacional. Pero también dije entonces, descentralizar no es lo mismo que centrifugar. No depende de la cantidad de competencias que se transfieran; sino de la cualidad. Le pondré un ejemplo: si se transfieren las competencias de la lucha contra el fuego, las comunidades serán responsables de esa lucha. Pero el puñetero fuego no se para en el límite de la comunidad; le da igual. No se para ni en el límite de la frontera hispano-portuguesa. Luego lo único inteligent

(...) Dicen que los estadistas piensan en la siguiente generación y los políticos en las próximas elecciones. Pero yo creo que los políticos tienen que pensar en las siguientes generaciones, sin olvidar las próximas elecciones. Esos son los buenos políticos.

La entrevista completa: www.abc.es/hemeroteca/historico-29-06-2008/abc/Nacional/felipe-gonzalez-un-ex-presidente-estorba_1641968669773.html

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