Una vez más he vivido la Semana Santa en Córdoba de Andalucía donde una exuberante expresión popular de tradición y religiosidad se vuelca a las calles. Desde el domingo de Ramos hasta el domingo de Pascua se suceden procesiones detrás de Pasos preparados con finura, escoltados por centenares de cofrades y acompañados con el sentir popular. El culmen de la Semana Mayor se produce entre el miércoles y el viernes santos cuando salen las Hermandades con más enjundia y belleza.
Las Cofradías, vinculadas en su mayoría a parroquias, mantienen viva una tradición de siglos. Este año me ha llamado la atención la cantidad de niños procesionando detrás de la mayoría de los Pasos.
El arte religioso, patrimonio cultural cuidado y enriquecido también por siglos y décadas, se muestra con orgullo en el recorrido previsto para cada Paso; éste se convierte en mediación de fe y devoción popular que carga de sentido las horas de dedicación y penitencia de nazarenos, costaleros (quienes llevan el Paso) y hermanos mayores. Son entre ocho y doce horas de lento caminar entre la salida y el "encierro" de cada Paso en el templo donde se guarda devoción durante todo el año.
Cada Cofradía lleva un numeroso grupo procesional entre nazarenos, penitentes, banda y costaleros; cada uno cumple una función y vive su propia experiencia. Semejante vuelco popular se explica por una particular sensibilidad religiosa que forma parte de la identidad como pueblo.
Las bandas de música que acompañan a muchos Pasos aportan el ritmo y el clima propio de estos días. Otros marchan en riguroso y respetuoso silencio. Las saetas espontáneas en las calles o en el momento de la salida o encierro de los Pasos constituye un momento mágico y agrega sentimiento a un conjunto de sentires en sí mismos comunicativos.
Las autoridades civiles y religiosas acompañan y forman parte activa en la Semana Santa que atrae a tantas personas de la región o a turistas de todo el mundo.
Este año el clima, contexto fundamental para el esplendor o la renuncia de las Hermandades, ha sido un aliado en gran parte de Andalucía permitiendo que casi todas las Cofradías pudieran realizar su estación de penitencia aún cuando el resto de España vivió días de frío, lluvia y nieve.
Al abrir la ventana como todas mañana me sorprendí con el siempre bello fenómeno de la nieve que empezaba a cuajar pintando de blanco todas las siluetas. El día pasó a ser extraordinario. Es raro ver nevar en Madrid. Esta cambia su fisonomía habitual, se vuelve más densa, con algunas dificultades, pero particularmente bella. El recinto del Colegio Mayor Poveda se ha transformado en un paisaje blanco y atractivo. La naturaleza nos ha regalado una de sus más bonitas caras. Dios quiera que la ciudad pueda ayudar a quienes sufren la cara del frío y la falta de refugio.
Los últimos dos días del 2008 recorrimos con Joao Luis lugares escondidos en Vilar do Moro, esos que merece la pena descubrir y capturar. La lluvia no permitió mucho, pero hemos disfrutado de la serenidad del otro lado del Miño. De camino visitamos una "Esposiçao de pintura" en Vila Praia de Áncora de Mario Alegría, Mario Garrido y Mario Rebelo de Sousa, ciertamente interesante y expresiva.
Recordaremos el año 2008 como aquel en el que una parte de nuestra historia que permanecía oculta se desveló. Por eso quise vivir el paso de Año en Lanhelas, el pueblo de Luis y Firmino, con la familia grande. Sentir, experimentar, comprender, aprender, agradecer y hacer síntesis de lo vivido en tan poco tiempo y que significa la vida misma. En el Concello de Caminhas recibimos con Deolinda y Joao las primeras campanadas del 2009 y disfrutamos de un espectáculo de luces en el cielo y en el alma. Más tarde brindis y chocolate en la casa con Joao Luis, Sandra, y las pequeñas Iris y Laura. ¡Feliz 2009!.
En el río Miño cerca de su desembocadura es común encontrar un tipo de barco llamado Carozo o Carocho en portugués. Casi todos ellos han sido construidos por Luis Marrocos a lo largo de su larga vida. Había aprendido el oficio de su tío Portela. Hoy son tres las generaciones de constructores de Carochos. El desafío de garantizar la continuidad y sumar la calidad que se requiere actualmente la tiene Luis Marrocos nieto, quien aprendió en el taller de su abuelo que frecuentaba desde pequeño.
En el taller de Luis Marrocos (primero) se tardaba seis días en realizar cada barco dedicando casi quince horas diarias y se utilizaba la madera de roble (Carbalho), castaño y pino, presente en la zona. El tradicional Carocho era movido por una vela de tipo latina y llevaba remos, tenía aproximadamente 6,20 metros de longitud, 1,50 de ancho y 55 cm de altura. Su diseño guarda parecido con legendarios barcos de vikingos, cuya presencia en la zona se remonta a más de un milenio.
Esta embarcación se ha transformado en tradicional de Lanhelas.
Luis Marrocos cumplió el 9 de septiembre cien años. Casi ochenta debió esperar para saber algo de su hermano Firmino. La vida tiene, a veces, hechos incomprensibles.
Lo sorprendente es que la inteligencia y el corazón de Luis han tenido la fuerza y la paciencia de la esperanza. Como regalo especial y merecido el siglo lo sorprende con la familia de su hermano, feliz de recuperar el tiempo y simplemente haciéndolo posible. María del Carmen, la única hija viva de Firmino pudo celebrar con su tío Luis, en su Lanhelas natal.
El río Miño acompañó la infancia y la juventud de mis abuelos. Y como una herencia de sentimientos se fue haciendo cada vez más significativo en mi historia personal y familiar.
Nace en Pedregal de Irimia, ayuntamiento de Meira, Lugo y recorre tierras gallegas hasta desembocar en forma de estuario en Caminhas, Portugal. En su largo curso sus aguas bañan la costa de Lanhelas, el pueblo de mi abuelo Firmino quien en 1929 dejó su tierra y continuó su vida en Buenos Aires. Era un joven atrevido, emprendedor y soñador. Había aprendido su oficio de carpintero y ebanista junto con su hermano Luis, de la mano y la maestría de su tío Portela.
Llegó al puerto de Buenos Aires el 30 de octubre de 1929, pronto conoció a Consuelo Álvarez Rodriguez. Tuvo tres hijos. La distancia, la precariedad de un siglo XX en ciernes, posibles dificultades... hicieron que el contacto con su familia y tierra natal se interrumpiera. Casi ochenta años después como primera nieta de aquel aventurero puedo contribuir a que las raíces familiares vuelvan a tocarse.
La reflexión intelectual y el conocimiento como aportación a una mejor convivencia y desarrollo de los pueblos.
Mis raíces españolas (gallegas), portuguesas y argentinas me ayudan a comprender un mundo abierto, plural y diverso.