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El puente nuevo

La pasarela sobre el Tormes que lleva el nombre de Enrique Estevan terminó de construirse en 1913. El proyecto atravesó dificultades y retraso. Se había impuesto dos decenios antes a la idea de ampliar la construcción romana incluida en el escudo de la ciudad

“Una construcción digna de esta ciudad monumental”, dijo Enrique Esteban  Santos, el 23 de octubre de 1913, en el acto de inauguración del puente sobre el río Tormes que iba a llevar su nombre. El Adelanto recogía en aquella época con b el nombre del concejal que más defendió ese proyecto, no con la v que actualmente lleva el puente. Sea Esteban o Estevan, lo cierto es que fue él quien salvó al antiguo puente, el romano, de un ensanche que habría destrozado su valor histórico.

Resultaba claro a finales del XIX_que la estrechez del Puente Romano de Salamanca, el único existente entonces en la ciudad, no podía satisfacer las necesidades del tráfico. José María Fraile cuenta con un informe del año 1887 que menciona la posibilidad de ensancharlo e incluso, el 12 de diciembre de 1891, la Dirección General de Obras Públicas autoriza un estudio para esa idea.

Tres días antes, sin embargo, el casi recién estrenado concejal Enrique Esteban Santos presentó una moción en la que se opone a la ampliación del Puente Romano. “Por ser un monumento histórico”, “porque es el emblema del escudo de armas”, “por destruir sus condiciones de belleza” y “porque el Estado tiene el deber de construir un nuevo puente” fueron algunas de las razones que dio.

Le costó convencer al resto de la Corporación pero, antes de finalizar ese diciembre, logró la aprobación unánime para hacer un puente nuevo en lugar de ensanchar el antiguo. Tras el dictamen favorable de la Junta Consultiva de Caminos, en marzo de 1892, el proyecto se encargo a Saturnino Zufiarre, un ingeniero de caminos cuyo traslado fuera de Salamanca retrasó la conclusión de sus trabajos sobre el puente hasta diciembre de 1898.

La aprobación definitiva del proyecto no llegó hasta el 7 de agosto de 1900, con un presupuesto de 841.640,28 pesetas que la empresa Duro Felguera redondeó en la adjudicación a la baja hasta 841.000 pesetas. El 15 de septiembre de 1902, tuvo lugar el actos solemne de colocación de la primera piedra, en cuyo interior quedó un ejemplar de El Adelanto, junto a otros elementos significativos.

La compañía, que mantiene actualmente su actividad en Oviedo, no tuvo mucha prisa en terminar las obras. No obstante, cuando en enero de 1913 se realizaron las pruebas de resistencia al puente, la construcción aguantó 300 kilogramos por metro cuadrado durante más de dos horas con una flecha máxima en el centro de los arcos de 9 milímetros, que resultaba sensiblemente nula si quedaba medio tramo sin carga.

El puente Enrique Estevan cuenta con una longitud de 220 metros y una anchura de diez, según explica José María Fraile. Se eleva sobre seis arcos metálicos, de 33 metros cada uno y un radio de 43, sostenidos sobre cinco pilares de fábrica de sillería de granito, al igual que los dos estribos. La pasarela está protegida por una barandilla metálica con adornos y farolas. Toda la construcción cuenta desde 1998 con iluminación artística que resalta sus atractivos junto al resto de monumentos salmantinos.

“Lo que más contribuye a la prosperidad de la industria y el comercio es la facilidad de comunicaciones”, resaltó Enrique Esteban para inaugurar su puente. Una sentencia tan vigente que muchos siguen utilizándola.

 
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