Subjetivo: Perteneciente o relativo a nuestro modo de pensar o de sentir, y no al objeto en sí mismo
La información para la realizacion de este blog fue obtenida de los siguientes medios:
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Cada vez que escuchamos un sonido, se despierta en nosotros una respuesta emocional. Cada sonido produce un efecto en nuestro cerebro que varía en relación a un tema genético, de género y cultural. Sin embargo, existen sonidos tan básicos, que son capaces de generar los mismos efectos en cualquiera que los escuche, independientemente de los demás factores.
El IADS es una base de datos que consta de 110 sonidos no verbales que producen exactamente las mismas respuestas emocionales en los individuos que los escuchan, sin importar su edad, si son hombres o mujeres, o si han sido criados en cualquier cultura.
Recientemente, se ha puesto a prueba este último atributo, mediante la comparación de los resultados generados en los Estados Unidos con los recogidos en España para la misma base de sonidos. Las dimensiones estudiadas fueron tres: el nivel de agrado o desagrado producido por el sonido, la intensidad de la respuesta emocional y el grado de control que ejerce sobre la situación emocional de la persona.
El resultado ha sido óptimo. La compatibilidad entre las reacciones producidas a uno u otro lado del Atlántico ha sido perfecta. A partir de esta información será posible explorar el mapa emocional de una persona y realizar un seguimiento de su grado de maduración emocional. Todo un progreso a la hora de comprender el funcionamiento de nuestro cerebro.
Vida social activa y estabilidad emocional parecen a priori dos elementos para al menos acercarse a la felicidad, y por consiguiente no recaer en bajones, depresiones, aislamiento e inactividad son premisas para mantener una salud mental y social saludable. Sin embargo, además de estas dos esferas de la salud (mental y social), la esfera física también podría recibir influencias de este tipo de vida.
Hui-Xin Wang, investigador del prestigioso Instituto sueco Karolinska ha trabajado durante seis años con 506 personas sin Alzheimer, prestándole especial atención a sus comportamientos emocionales y sociales, llegando a conclusiones que afirman la importancia para la salud física de una buena calidad de vida en lo que respecta a las esferas mentales y sociales de la salud.
Al finalizar los seis años de investigación, de los 506 voluntarios iniciales, 144 habían contraído mal de Alzheimer, y los tipos de vida social y emocional que habían llevado a cabo parecían ser la causa de ello.
Según este estudio las personas que tienen una tendencia a la depresión, al estrés y al aislamiento social aumentaban sus probabilidades de contraer Alzheimer, mientras que aquellos con una vida activa y con entereza emocional reducían sus posibilidades de contraer la enfermedad.