En el paralelo 70, la esquina más septentrional del mapa europeo, en el lejano norte súper civilizado, están la isla de Trömso y sus poco más de 50.000 habitantes. En Trömso todo es tan blanco y hermoso que uno tiene la sensación de haber encontrado el paraíso nada más llegar allí. Un paraíso helado donde la nieve cubre las casas, los coches, las carreteras durante prácticamente todo el año, donde el aire es tan frío y puro que duele respirar, y en el que la luz solar, cuando brilla, es tan aguda que puede dejarte ciego. Una isla en la que la asistencia social alcanza niveles inimaginables para un extranjero, donde el Estado cubre todas las necesidades, y la ideología, la religión, la familia o los prejuicios sociales pertenecen al pasado; el mejor mapa imaginado.
(....) Un cine en toda la ciudad. Apenas tres librerías. El best seller del mes es una novela romántica soft core, el del mes anterior también. Las revistas porno se amontonan en las estanterías, junto a las de sociedad y a un periódico local repleto de niños celebrando sus cumpleaños, mensajes de contactos y notas funerarias. Feria de la Educación. Las principales universidades y centros de estudios del país se reúnen en el Polar Center para hacer proselitismo entre los jóvenes visitantes al certamen. Un profesor de antropología social de la Universidad local me felicita por tener en mi país una ciudad tan bonita como Montecarlo. El alcohol, los cigarrillos y las drogas, son enormemente caros en Tromso.
El alcohol solamente puede comprarse en una tienda en toda la ciudad, una tienda propiedad del Estado donde todos hacemos cola el viernes por la tarde. El vodka es el rey, el vodka y nada más; la única forma posible de enfrentar un fin de semana de cacería en territorios como The Hawk, club nocturno, a la búsqueda desesperada de sexo tan malo como rápido, si uno no quiere terminar visitando la Casa de las Rusas recién traídas a través de la frontera de Finlandia.(...)
Con el corazón congelado por la falta de curiosidad, por la inexistencia de cualquier pasión creativa, por la absoluta seguridad de que el futuro será confortable, Trömso es el mejor lugar del mundo para sentarse a esperar la muerte con el total convencimiento de que nada sucederá. El vecino de al lado jamás llamará a tu puerta para preguntarte cómo estás.