Written on 29-Feb-2008 by
cristian.saracco
Al estudiarse la situación de cada empresa respecto a su identidad e imagen se reconocen cinco situaciones en las que se puede encontrar. Esto incluso, podría hacerse a nivel sectorial.
Si la identidad e imagen aparente son altas (1), nos encontramos frente a una institución que tras haber generado una identidad consistente ha logrado construir una imagen alineada con su idea en acción. Se trata de una empresa que comparte valores con sus audiencias y los comunica correctamente. Podrían ser casos que pueden ir desde el consumo masivo como “Zara” hasta una institución como el “Karolinska Institutet”
Si la empresa tiene una identidad fuerte que no se termina por traducir en una imagen acorde (2), la empresa tiene una gran oportunidad que aún no ha sabido aprovechar. Se la reconoce, se la respeta, se la entiende, genera afinidad sin embargo no alcanza a crear una relación íntima con sus audiencias. Podría ser el caso de algunas marcas de Europa del Este
Si tanto la identidad como la imagen son bajas (3), estamos frente o bien a un negocio poco confiable o nos encontramos frente a algún organismo estatal (especialmente en países en crisis)
Si la imagen es alta y la identidad no (4), estamos frente a la estatua de Nabuco Donosor, un gigante con pies de barro. En los últimos tiempos nos hemos enfrentado a este tipo de gigantes y los efectos han sido devastadores. Hablamos de los Enron y Worldcom de este mundo donde se construyó rápidamente una imagen sin asegurar si detrás había una identidad cierta que respaldase
Finalmente, si tanto la imagen como la identidad son medias (5) se está en el “limbo”. Lo cierto es, que para salir de esta situación los movimientos son dos, primero terminar de construir una identidad fuerte, después actuar sobre la imagen. Aquí se encuentran muchas empresas y son dos las razones para permanecer:
Es una posición de confort. En el presente es poco lo que puede pasar. Ahora, si consideramos velocidad de cambio, competencia perfecta y mayores demandas de nuestras audiencias (que al final se convierten todas en clientes), podemos empezar a vislumbrar un problema
Renuncia: Hemos vivido y crecido con el paradigma de ser el mejor. Ser el segundo no vale. Esta afirmación es engañosa; puedo ser el mejor del mundo en algo, el mejor de la región en otra cosa y los clientes pueden terminar adquiriendo productos y servicios al mejor del barrio, porque con él es con quien verdaderamente comparten agenda de valores
Identidad e imagen son conceptos diferentes, sin embargo, al momento de construir marca, en muchos casos se ha atendido más a la imagen que a la identidad. Ambas son necesarias. El éxito reside en que caminen en paralelo, que lo que una es, sea lo que la otra realmente transmite.